En homenaje a Douglas Engelbart

Persistencia retiniana. Relatos sobre cibercultura. En homenaje a Douglas Engelbart -uno de los padres de la cibercultura y de algo tan fundamental como el ratón- desempolvo un relato de ciencia ficción, escrito hace más de ocho años, en el que se entremezcla la vida real de Engelbart con la ciencia ficción (el motivo que llevo a Douglas a inventar el mouse)

douglas engelbart

Persintencia Retiniana.

Un cheque por 10 mil dólares fue el pago que recibió el investigador Douglas Engelbart por haber inventado ratón, el dispositivo que permite a un usuario de computador, a través de los movimientos de su mano, seleccionar en su pantalla un curso de acción. El proyecto fue concebido aquí, en el Stanford Research Institute, en 1962 e inspirado en las ideas de Vannevar Bush, quien en 1945 soñaba con «navegar» entre hipertextos con su máquina Memex. El ratón estuvo abandonado durante cerca de veinte años; Engelbart y sus inventos pasaron sin pena ni gloria por el mundo de la informática y ahora, una vez muerto, todo el mundo parecía interesado en rescatar su figura. Me habían elegido a mí, su biógrafo, para dedicarle unas palabras.

Me sentía y sabía observado, pero no me importaba, estaba allí para hablar de Douglas Engelbart. Había muerto el padre de la cibercultura y yo estaba allí para reivindicar su papel. Me sentía muy orgulloso. Saqué tres folios de mi cartera, uno dedicado a la persona y los otros dos dedicados al científico, y busqué en mi chaqueta las gafas de leer. No las encontré. Busqué más, pero obtuve idéntico resultado. Cuando oí que comenzaban las presentaciones de los oradores desistí de encontrarlas e intenté calmarme y encontrar una solución. Minimicé el problema. No podía leer lo que traía preparado, pero siempre podía improvisar sin entrar en fechas y contar algunas anécdotas sobre Douglas.

Ceremonialmente me puse en pie y, después de dar dos largos pasos al frente, comencé. Douglas -hice una larga pausa y continué de forma mecánica- ya no está con nosotros, pero nos ha dejado su más importante legado . Hice un leve gesto para que apagaran las luces y comenzase la proyección y me senté de nuevo. Cuando alcé la cabeza para mirar a la pantalla gigante no pude entender nada de lo que veía; sin mis gafas todo aparecía de forma borrosa, pero en ese preciso instante me asaltó una idea acerca de Douglas. Continué improvisando. Podría estar hablando del Señor Douglas durante meses, podría estar hablando del Señor Douglas durante meses -dije, era un ser fascinante, un genio, y los cinco meses que pasé junto a él preparando su biografía fueron la experiencia más intensa, rica y productiva de toda mi vida. Estupidamente quizás, repetí de nuevo: …era un ser fascinante, un genio, y los cinco meses que pasé junto a el preparando su biografía fueron la experiencia más intensa, rica y productiva de toda mi vida y es evidente que no veía el mundo como nosotros... se me escapó una leve sonrisa, nuevamente la idea sobre Douglas apareció frente a mi, como un relámpago, ahora no podia dejarla escapar. Hice una larga pausa, y finalmente interrumpí la presentación y ordené que encendieran otra vez las luces.

Sin querer pararme a pensar en lo que estaba haciendo y lo que aquello podia significar, dije de carretilla: la persistencia retiniana es una cualidad de la visión humana por la que el ojo recibe estímulos que pasan por el nervio óptico al cerebro. Pero las imágenes individuales de cada fotograma, al llegar al ojo, no desaparecen inmediatamente de la retina cuando ha terminado el estímulo. De hecho, cada fotograma persiste alrededor de 1/5 de segundo mientras se borra gradualmente. Si no fuera por este pequeño defecto o cualidad no podríamos ver las imágenes en movimiento. Tanto el cine como los medios electrónicos, la televisión, el video y el ordenador, se han basado en la sensación de movimiento aparente que se produce en la retina del ojo humano al persistir en ella, durante un breve espacio de tiempo, las imágenes. El ojo humano no puede separar más de 10 imágenes por segundo. De esta imperfección se valen la televisión y la cinematografía, que proyectan más de 20 imágenes por segundo; si se pasaran 6 imágenes por segundo, apreciaríamos las diferencias entre las diversas posiciones. La sucesión rápida de imágenes nos da la impresión de movimiento.

Todo esto viene a cuento, señoras y señores, porque desde aquí quiero dar a conocer un hecho sorprendente y hasta ahora desconocido de nuestro querido profesor Douglas. El viejo Douglas no veía incorrectamente como cualquiera de nosotros, su vista era perfecta, todo lo veía en fotogramas que almacenaba en su prodigiosa memoria. Debido a su no-imperfección el pequeño Douglas se vió obligado a pasar largas estancias en escuelas especiales para invidentes, tuvo que aprender a desarrollar un mecanismo de parpadeo y de esta manera adiestrar a su cerebro para llegar a ver como el resto de los mortales. Pero el parpadeo es un acto fisiológico y requería de Douglas un gran esfuerzo y pocos o nulos resultados. Con la llegada de las primeras terminales nuestro querido Douglas concibió la posibilidad de ver algo en movimiento. Él mismo se encargó de desarrollar pequeños programas informáticos que generaban medio centenar de imágenes por segundo, con lo cual pudo, por fin, ver un objeto (aunque fuera virtual) en movimiento. La visión de un objeto en movimiento debió causarle una maravillosa impresión, parecido a alguien que recupera la vista después de haber vivido toda su vida en la oscuridad. Una vez comprobado como veíamos los seres el mundo, puso todo su empeño en inventar un sistema donde la información de la computadora estuviera dentro de escaparates o ventanas. Era la forma en la que él veía el mundo, ni más ni menos.

Jorge Izquierdo

Publicado el 11 de noviembre de 2005 en Ventanianos.

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